miércoles, 12 de octubre de 2016

CARLOS III. BORBÓN INTELECTUAL.

Carlos III, entre las paradojas del cambio y la tradición

Una amplia biografía obra del historiador Roberto Fernández anima el discreto homenaje rendido al rey en su tricentenario.

Corría la noche del 20 de enero de 1716 cuando en el sombrío, destartalado y viejo Alcázar de Madrid nacía el infante Carlos de Borbón, Carletto, un niño “muy rubio, hermoso y blanco” que con el tiempo llegaría a ser rey de España en una época de tensión entre lo nuevo y lo viejo.

Este año se han cumplido tres siglos del nacimiento de Carlos III, considerado por muchos el mejor rey de España. Y, sin embargo, la efeméride parece estar pasando de puntillas, lo que no ocurrió con el bicentenario de su muerte, en 1988. ¿Soplaban quizás entonces otros aires de ideales reformistas más auténticos que los que se defienden ahora? ¿Se utilizó entonces su figura para entroncar con una tradición ilustrada en una España casi siempre olvidadiza de su historia? 
El profesor Carlos Martínez Shaw, que acaba de coordinar un especial sobre Carlos III en la revista Andalucía en la Historia, no cree que exista tanto olvido y recuerda algunas exposiciones —el Museo Casa de la Moneda acoge en Madrid Virtuti et Merito hasta el 13 de noviembre—, pero incide en que en 1988 “el PSOE estaba más interesado en su identificación con el programa ilustrado de Carlos III que en 2016 el PP, todo lo contrario a un partido ilustrado”. “Pero la desastrosa situación política y económica del país en estos cuatro últimos años tampoco da para muchas celebraciones”, añade.

El historiador Francisco Aguilar Piñal, autor de libros sobre el periodo como Bibliografía de estudios sobre Carlos III y su época, publicado por el CSIC, o Madrid en tiempos del “mejor alcalde”,cuyo primer volumen acaba de editar Arpegio, recuerda que Felipe VI colocó en su despacho del Palacio Real un retrato de Carlos III desplazando a Felipe V, el primer Borbón español. “Solo este gesto habría incitado a un político solvente a promocionar el centenario presente; por lo visto, los políticos de la mayoría absoluta no estaban interesados en la historia del ‘mejor alcalde’ de Madrid, aunque fuera exaltado por el rey actual”, opina Aguilar.

También insiste en este olvido el profesor Ramón María Serrera, quien coordinó en Sevilla unas jornadas el pasado enero, coincidiendo con el día en que nació el monarca: “En cualquier país se habría celebrado a este rey modernizador y reformista, un gran gobernante que supo rodearse de las cabezas mejor amuebladas de la época”.

Roberto Fernández, premio Nacional de Historia el año pasado por su Cataluña y el absolutismo borbónico, intenta animar ese recuerdo del rey con una monumental biografía que ahora ve la luz: Carlos III. Un monarca reformista(Espasa). El catedrático y rector de la Universitat de Lleida no juzga al monarca, sino que intenta comprenderlo y se sitúa en un punto equidistante entre críticos y panegiristas de la obra carolina. Quizás es lo que se precisa ahora para entender a un personaje que ha sufrido tanto anacronismos y descontextualizaciones como cierta gloria en el imaginario popular.

Para Roberto Fernández, fue un reformista moderado en una época de acelerados cambios y, por ello mismo, cayó en “profundas contradicciones de las que no siempre salió bien parado”. Tenía una sólida fe religiosa, pero también un convencido espíritu regalista, y demostraba un talante tradicional, aunque amparó las innovaciones de la Ilustración. “Bajo su reinado se produjo un hecho fundamental para la historia de España: los españoles vieron crecer su conciencia de nación y fueron creando un Estado más moderno y eficaz”, incide el catedrático.

Carlos III basculaba entre el cambio y la tradición. En realidad, era un reflejo del país sobre el que reinaba: la España del enciclopedismo, pero también de la lotería; donde se creaban los primeros gabinetes de historia natural y se difundían las tonadillas castizas de La Caramba; se emprendían expediciones científicas como las de Jorge Juan y Antonio de Ulloa y triunfaban en las plazas de toros Costillares y Pepe-Hillo. La España carolina era la de un siglo veloz que dejaba atrás el pasado. En los salones cortesanos se imponía la moda del minuéy en las botillerías los majos bebían agua de cebada mientras al lado tertuliaban Moratín, Cadalso, los hermanos Iriarte, Trigueros o Samaniego.

Uno de los valores que el historiador resalta en Carlos III es que llegó experimentado al trono de España. Por su madre, Isabel de Farnesio, su destino era Italia, como heredero legítimo de Parma y Piacenza. En 1735, se convierte en Carlos VII de Nápoles y III de Sicilia. Son los llamados “tiempos heroicos” en las Dos Sicilias en que España volvía a controlar el sur de Italia y, por tanto, las rutas de Levante.
Carlos de Borbón dejo huella en Nápoles, que se está volcando en el tercer centenario y donde es recordado, entre otras cosas, por impulsar las excavaciones arqueológicas en Pompeya.
Con ese bagaje, llega a España tras la muerte prematura de sus hermanos Luis I y Fernando VI. Él, que ya creía que moriría en Nápoles, accede al trono español. Transformó Madrid en una ciudad moderna con las escenografías arquitectónicas de Sabatini y convirtió sus calles, llenas de sucios arroyuelos, en avenidas de elegante clasicismo. El 14 de diciembre de 1788 moría el último monarca paradigmático del absolutismo reformista e ilustrado. Al año siguiente, los atardeceres rosa Tiépolo cambiarían por los convulsos cielos de la Revolución Francesa.

 http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/30/actualidad/1475250275_621353.html

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LA MISIÓN DE EDUCAR

Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar... y poner todo en marcha. Pero para eso uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, que ese inexperto barco mientras uno lo trabaja, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada. Manuela Fernández

A MI HONORABLE PADRE. 19/05/08

A mi honorable padre.

Me encuentro en una situación difícil, pero cómoda. Es como si flotara en el espacio de los recuerdos. Todo sabe a recuerdos, todo son momentos vividos. Si camino, recuerdo; si pienso recuerdo más intensamente; si tomo cerveza, recuerdo instantes que compartimos; si voy a la compra, él siempre está presente. Todo lo que hay a mi alrededor me recuerda a él. Sueño con su presencia. Fue una persona muy importante en mi vida y para mi vida. Le dije millones de veces que lo quería y eso me reconforta sobremanera. Ahí ando, en estos senderos me encuentro. En alguna ocasión, los lagrimales vierten alguna gota de dolor. Sigo viviéndolo mucho más intensamente que cuando me regalaba su presencia.
Fue un hombre bueno, un buen hombre. Íntegro hasta la exageración. Honesto hasta hacer de la honestidad misma su modo de vivir. Paciente como el mejor chacal que espera el movimiento de su presa para capturarla, él para ayudarla. No tenía palabras de más, las que usaba se llenaban de esperanza y de emoción contenida. Lo quise hasta la profundidad del alma compartida y amiga. Tuve poca comunicación con él en los últimos años porque se apagaba su intelecto y, a la vez, su generosidad de coloso humano.Todo huele a él; todo sabe a él; todo suena a él. A él. A él mismo.

Siempre te recordaré, siempre te querré querido papá.

IN MEMORIAM - Tu hijo Josemari.


A MI MUSA

A MI MUSA

¿Y ahora qué? Ya no estás a mi lado.
Tu presencia se deshace tal el hielo
en fuego, se fija como una obsesión
que me llena y me llega y me yaga
en tremendos nubarrones irónicos
que deshacen amapolas de sueño.
Ese sueño sutil y estremecedor
de tu voz, de tu sonrisa,
de tus angelosos labios,
purpúreos y carnosos.
¡Dímelo al oído cuando estés!
Dime que quieres sólo un susurro mío,
un agradable abrazo mío, tal vez
un espontáneo beso mío.
¡Dímelo cuando estés!
Dime que el sueño sueña,
dime que el amor ama,
dime que sin llorar lloras,
dime que no podemos hacer nada,
dime que me quieres.
¡Dímelo cuando estés!
Te quiero a morir, planeta de mis sueños.

PARA MI VIDA, PARA TI.


PARA MI VIDA, PARA TI.

Amor, azucena celestial,
que nada entre espumosas olas,
¿por qué no me dices que me quieres?
¿por qué no colocas tu dulce,
perfume entre caracolas?
Dime amor, huele mi perfume,
ama mi instante, sueña con
tu sombra, con tu recuerdo,
inventa la estrella, ama el infinito
exhala perfumes inquietos
y dormidos silencios de placer.
¿Por qué no me dices que me quieres?
Hambre de mis venas,
Elegíaca amaca,
Luz de mis luces,
Entrada de mis penas,
Novela sin escribir,
Amor de mi vida.
¿Qué quieres que te diga más?
¿Qué? ¿Qué sueñas?