domingo, 3 de abril de 2016

Su obra ha sido uno de los grandes registros de la crueldad y de la dignidad humana durante el siglo XX.

  

Muere Imre Kertész, Nobel de Literatura de 2002 y penúltimo testigo de Auschwitz

Kertész, novelista y superviviente del campo de concentración de Auschwitz, ganador del Premio Nobel de Literatura de 2002, ha muerto a los 86 años según ha informado la agencia Reuters.

Primo Levi, Thomas Mann, Camus, Franz Kafka... Los nombres con los que ha dialogado el escritor húngaro a lo largo de su carrera son los de los gigantes de las décadas centrales del siglo XX. Como el italiano Levi, Kertész tuvo que cargar con el peso de haber vivido y, sobre todo, haber sobrevivido a los campos de concentración nazis. Sin destino (1975), la obra que le dio fama, se basa en su experiencia en Buchenwald y Auschwitz, campos a los que Kertesz llegó con 14 años. Aunque su texto, en realidad, no era sólo un registro de la barbarie escrito en primera persona como Si esto es un hombre. Kertesz, al contrario, convirtió su memoria en ficción e incidió en la indiferencia que propició el desastre y en el olvido colectivo que siguió después.

Maestros y obsesiones

Camus y Mann habían sido sus maestros: "¿De quién aprendí más? Creo que de Thomas Mann (la audacia y la postura del escritor, la diligencia y la dignidad, y para no olvidarlo: la cultura), así como de Camus (el aferrarse de manera implacable a un solo tema como única posibilidad). Desde entonces apenas leo a ninguno de los dos", escribía Kertesz en el último tomo de sus diarios, La última posada, publicados por Acantilado esta misma primavera.
Y Kafka era su espejo literario y moral. Lo descubrió "tarde, ya de adulto", hastiado por su lugar marginal en la literatura oficial de la Hungría soviética. Durante esos años de soledad, Kertész se dedicó a traducir literatura alemana. Y así se topó con El castillo. "El castillo no es más que la imagen universal de la servidumbre del consenso; es genial, y por eso señala más allá de su objeto, pero no deja de ser la imagen universal de la servidumbre del consenso. Todos los europeos del Este lo saben perfectamente y lo callan, aterrados. Repiten, aterrados, lo que dice Occidente (que no entiende la novela): que El castillo es algo trascendental", escribió el húngaro en otro tomo de sus diarios (Diario de la galera).

Angustias y esperanzas

Las preocupaciones y la vida de Kertész también pertenecen al viejo núcleo duro del siglo XX. Cuando recibió el Nobel, alertó de que "la cultura del individuo" estaba en peligro en Europa. Por entonces, la frase sonó a viejo intelectual existencialista. Hoy, de alguna manera, parecen palabras muy actuales.
Kertész había llegado a los campos nazis por ser judío aunque, según la fórmula habitual, él no tenía mucha conciencia de su religión ni de su cultura hasta que fue discriminado por ella. Gyürgy Küves, el protagonista de Sin destino, era un adolescente que se preocupaba, más que de ninguna otra cosa, de los besos que le daba su vecina. Entonces, un día, la guerra cargaba sobre sus espaldas con la categoría de judío, que no era "una diferencia innata, sino una distinción impuesta por los otros", según explicó una vez el crítico Rafael Narbona.
Hungría no había sido un mal refugio para los judíos durante los primeros años de la guerra. Por eso, la deportación de Kertész fue tardía. Sólo pasó tres días en Auschwitz; después, lo mandaron a Buchenwald, donde las expectativas de los reclusos eran algo mejores. Del campo de exterminio al campo de trabajo.
Salió vivo. Volvió a Budapest. Se empleó como periodista. Y perdió su trabajo cuando el diario en el que trabajaba, Világgoság, se adhirió a la ortodoxia comunista. Se refugió en el idioma alemán, el de sus antiguos verdugos, y se convirtió en un disidente pasivo. Publicó Sin destino con 46 años y se fue a vivir a Berlín. Escribió Kaddish por el hijo no nacido, su otro referente clásico, donde la memoria del horror se convertía en angustia vital. Durante años se convirtió en un personaje incómodo para sus compatriotas. Para sus compatriotas y para todos sus lectores, que pasan por sus libros con la esperanza de encontrar, al final, algún consuelo lejano.

 http://www.elmundo.es/cultura/2016/03/31/56fcd01e22601dcd088b466a.html


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LA MISIÓN DE EDUCAR

Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar... y poner todo en marcha. Pero para eso uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, que ese inexperto barco mientras uno lo trabaja, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada. Manuela Fernández

A MI HONORABLE PADRE. 19/05/08

A mi honorable padre.

Me encuentro en una situación difícil, pero cómoda. Es como si flotara en el espacio de los recuerdos. Todo sabe a recuerdos, todo son momentos vividos. Si camino, recuerdo; si pienso recuerdo más intensamente; si tomo cerveza, recuerdo instantes que compartimos; si voy a la compra, él siempre está presente. Todo lo que hay a mi alrededor me recuerda a él. Sueño con su presencia. Fue una persona muy importante en mi vida y para mi vida. Le dije millones de veces que lo quería y eso me reconforta sobremanera. Ahí ando, en estos senderos me encuentro. En alguna ocasión, los lagrimales vierten alguna gota de dolor. Sigo viviéndolo mucho más intensamente que cuando me regalaba su presencia.
Fue un hombre bueno, un buen hombre. Íntegro hasta la exageración. Honesto hasta hacer de la honestidad misma su modo de vivir. Paciente como el mejor chacal que espera el movimiento de su presa para capturarla, él para ayudarla. No tenía palabras de más, las que usaba se llenaban de esperanza y de emoción contenida. Lo quise hasta la profundidad del alma compartida y amiga. Tuve poca comunicación con él en los últimos años porque se apagaba su intelecto y, a la vez, su generosidad de coloso humano.Todo huele a él; todo sabe a él; todo suena a él. A él. A él mismo.

Siempre te recordaré, siempre te querré querido papá.

IN MEMORIAM - Tu hijo Josemari.


A MI MUSA

A MI MUSA

¿Y ahora qué? Ya no estás a mi lado.
Tu presencia se deshace tal el hielo
en fuego, se fija como una obsesión
que me llena y me llega y me yaga
en tremendos nubarrones irónicos
que deshacen amapolas de sueño.
Ese sueño sutil y estremecedor
de tu voz, de tu sonrisa,
de tus angelosos labios,
purpúreos y carnosos.
¡Dímelo al oído cuando estés!
Dime que quieres sólo un susurro mío,
un agradable abrazo mío, tal vez
un espontáneo beso mío.
¡Dímelo cuando estés!
Dime que el sueño sueña,
dime que el amor ama,
dime que sin llorar lloras,
dime que no podemos hacer nada,
dime que me quieres.
¡Dímelo cuando estés!
Te quiero a morir, planeta de mis sueños.

PARA MI VIDA, PARA TI.


PARA MI VIDA, PARA TI.

Amor, azucena celestial,
que nada entre espumosas olas,
¿por qué no me dices que me quieres?
¿por qué no colocas tu dulce,
perfume entre caracolas?
Dime amor, huele mi perfume,
ama mi instante, sueña con
tu sombra, con tu recuerdo,
inventa la estrella, ama el infinito
exhala perfumes inquietos
y dormidos silencios de placer.
¿Por qué no me dices que me quieres?
Hambre de mis venas,
Elegíaca amaca,
Luz de mis luces,
Entrada de mis penas,
Novela sin escribir,
Amor de mi vida.
¿Qué quieres que te diga más?
¿Qué? ¿Qué sueñas?