martes, 15 de marzo de 2016

La conquista de la ciudad soñada

 Dicen que cuando Mario Vargas Llosa supo la noticia de que su obra integraría el catálogo de La Pléiade, su felicidad fue equiparable a la que experimentó esa ya famosa mañana neoyorquina del 7 de octubre de 2010 en que recibió la llamada de la Academia Sueca para anunciarle que había ganado el Premio Nobel de Literatura.

No sé si es cierto o no, pero creo que tiene todo el sentido que un homenaje de esa envergadura signifique para él un reconocimiento comparable a la mayor distinción literaria del mundo. Las relaciones de Mario Vargas Llosa con la cultura y la lengua francesas son profundas, fundacionales, en su vida como escritor. Aprendió francés en Lima, en los primeros años cincuenta, no solo para leer en su lengua original a muchos de los autores que más admiraba, sino porque tenía la absoluta convicción de que solo viviendo en París podría convertirse en escritor.
Movido por esa obsesión, escribió El desafío, relato que integra su primer libro, Los jefes, para participar en un concurso organizado por La Revue Française, cuyo premio era un viaje de 15 días a París. Lo ganó, y en enero de 1958 viajaría por primera vez a “la ciudad soñada”, en la que viviría desde agosto de 1959 y durante los siete años decisivos en su formación intelectual y creación artística.
El escritor en ciernes fue testigo de excepción del existencialismo y, como él mismo ha reconocido en infinidad de ocasiones, fue en París donde descubrió América Latina y fue consciente por primera vez de lo que significaba ser latinoamericano. Y en una buhardilla de París terminó de escribir su primera novela, La ciudad y los perros, en el invierno de 1961.
La influencia mayor de su literatura también tiene que ver con la cultura francesa: me refiero al descubrimiento y lectura de Madame Bovary. El encuentro con esta novela y con las cartas a Louise Colet, en las que Flaubert describe su arduo proceso de escritura, cambiaría su visión de la literatura y le instruiría, como nunca antes, sobre el tipo de escritor que él quería ser, o que ya era sin todavía saberlo.
Los libros en los que Vargas Llosa se formó, la generación a la que perteneció, el mundo intelectual del continente donde nació, consideraban a Francia como epicentro de las artes y el pensamiento. Sin lugar a dudas, un proyecto cultural como La Pléiade contribuyó en la construcción de ese mito: la legendaria colección literaria de la editorial Gallimard supone una suerte de canon de la mejor literatura del mundo.
Han pasado muchos años desde que el joven cadete Vargas Llosa ahorrara semanas enteras para comprar uno de los bellísimos volúmenes de sus autores favoritos en edición de La Pléiade, encuadernados en cuero y con páginas de exquisita tipografía impresas en papel semibiblia. Han pasado casi 60 años desde que escribió ese breve relato que lo llevaría a París. Hoy, París lo homenajea de la mejor manera posible: dándole la bienvenida a la colección de los más grandes, la biblioteca de los inmortales.
Pilar Reyes es directora editorial de Alfaguara.

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LA MISIÓN DE EDUCAR

Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar... y poner todo en marcha. Pero para eso uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, que ese inexperto barco mientras uno lo trabaja, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada. Manuela Fernández

A MI HONORABLE PADRE. 19/05/08

A mi honorable padre.

Me encuentro en una situación difícil, pero cómoda. Es como si flotara en el espacio de los recuerdos. Todo sabe a recuerdos, todo son momentos vividos. Si camino, recuerdo; si pienso recuerdo más intensamente; si tomo cerveza, recuerdo instantes que compartimos; si voy a la compra, él siempre está presente. Todo lo que hay a mi alrededor me recuerda a él. Sueño con su presencia. Fue una persona muy importante en mi vida y para mi vida. Le dije millones de veces que lo quería y eso me reconforta sobremanera. Ahí ando, en estos senderos me encuentro. En alguna ocasión, los lagrimales vierten alguna gota de dolor. Sigo viviéndolo mucho más intensamente que cuando me regalaba su presencia.
Fue un hombre bueno, un buen hombre. Íntegro hasta la exageración. Honesto hasta hacer de la honestidad misma su modo de vivir. Paciente como el mejor chacal que espera el movimiento de su presa para capturarla, él para ayudarla. No tenía palabras de más, las que usaba se llenaban de esperanza y de emoción contenida. Lo quise hasta la profundidad del alma compartida y amiga. Tuve poca comunicación con él en los últimos años porque se apagaba su intelecto y, a la vez, su generosidad de coloso humano.Todo huele a él; todo sabe a él; todo suena a él. A él. A él mismo.

Siempre te recordaré, siempre te querré querido papá.

IN MEMORIAM - Tu hijo Josemari.


A MI MUSA

A MI MUSA

¿Y ahora qué? Ya no estás a mi lado.
Tu presencia se deshace tal el hielo
en fuego, se fija como una obsesión
que me llena y me llega y me yaga
en tremendos nubarrones irónicos
que deshacen amapolas de sueño.
Ese sueño sutil y estremecedor
de tu voz, de tu sonrisa,
de tus angelosos labios,
purpúreos y carnosos.
¡Dímelo al oído cuando estés!
Dime que quieres sólo un susurro mío,
un agradable abrazo mío, tal vez
un espontáneo beso mío.
¡Dímelo cuando estés!
Dime que el sueño sueña,
dime que el amor ama,
dime que sin llorar lloras,
dime que no podemos hacer nada,
dime que me quieres.
¡Dímelo cuando estés!
Te quiero a morir, planeta de mis sueños.

PARA MI VIDA, PARA TI.


PARA MI VIDA, PARA TI.

Amor, azucena celestial,
que nada entre espumosas olas,
¿por qué no me dices que me quieres?
¿por qué no colocas tu dulce,
perfume entre caracolas?
Dime amor, huele mi perfume,
ama mi instante, sueña con
tu sombra, con tu recuerdo,
inventa la estrella, ama el infinito
exhala perfumes inquietos
y dormidos silencios de placer.
¿Por qué no me dices que me quieres?
Hambre de mis venas,
Elegíaca amaca,
Luz de mis luces,
Entrada de mis penas,
Novela sin escribir,
Amor de mi vida.
¿Qué quieres que te diga más?
¿Qué? ¿Qué sueñas?