miércoles, 12 de octubre de 2016

¿POR QUÉ CREER EN LOS LIBROS?


“La poesía puede hacer que la gente vaya a las librerías”

Elena Medel, responsable de la editorial La Bella Varsovia, caza poetas unicornios para demostrar que los versos sí importan.

 Elena Medel, cuando se quita la piel de brillante escritora y se pone el barniz de editora, es lo más parecido a una cazadora de unicornios, esos animales fabulosos inencontrables en la realidad pero tremendamente poéticos y evocadores, tal y como demostró en el año 1982 Ridley Scott en su película Blade Runner.

Berta García Faet, David Refoyo, Alberto Conejero, Alberto Santamaría o Álvaro Lasso son algunos de esos animales míticos que Medel caza —adopta, acoge, protege— para diseñar un catálogo editorial abismático, es decir, en los límites y riesgos inherentes al hecho poético. Ese catálogo es, por supuesto, el de La Bella Varsovia, una editorial que lleva una docena de años demostrando que la poesía sí interesa. “En estos doce años he ido cambiando de intenciones pero siempre he ido con esa sensación de querer publicar lo que tiene que ser publicado y quizás no tenía cabida en editoriales más comerciales”, comenta Medel, que concibió La Bella Varsovia cuando apenas tenía 19 años. Una edad en la que, probablemente, poco se sabe de nada y menos de mercados: “Iniciar la editorial fue algo muy natural. No me planteaba que fuera a convertirse en un negocio. Simplemente tenía la voluntad de compartir lo que me entusiasmaba”.

Elena es una de las editoras más jóvenes y veteranas del panorama editorial español. Doce años no resiste cualquiera. Es además una rara avis a la que cuesta poco convencer que las palabras pueden mover montañas y transformar vidas: “Creo que hay libros de poemas que cambian de verdad vidas. Yo quiero apostar y luchar para que esos libros estén en las mesas de las librerías y en los medios de comunicación”. La médula que vertebra todo el catálogo y que sirve como requisito para que Medel acepte un manuscrito, se asienta en tres líneas bien diferenciadas: en primer lugar, el trabajo con el lenguaje; en segundo lugar, la relación de sus autores con la realidad (desde un punto de vista político, crítico, personal o de construcción de la identidad); y, por último, una especial atención a la escritura de mujeres.

Por si todos estos atributos no fueran suficientes, Medel es responsable de uno de los nombres de editorial más hermosos que existen. Eufónico y evocador. “La verdad es que no estuve en Varsovia hasta el año pasado y por tanto pude comprobar si era bella o no”, explica divertida Elena, “pero sí me parecía que tenía una sonoridad y que incitaba a abrir mundos diferentes que es, por cierto, una de las búsquedas de la poesía”. Pese a contar con el Premio Pablo García Baena —que recompensa a los mejores poetas españoles y latinoamericanos menores de 35 años—, Medel lleva tiempo intentando sacudirse un lugar común que le persigue desde el comienzo de su andadura editorial: “Una de las dificultades de estos años ha sido quitarle a la editorial la etiqueta de jóvenes autores. Es cierto que en los inicios fue así pero ahora puedo publicar a autoras veteranas como Ana Rossetti o Pilar Adón y a jóvenes como Azucena González Blanco que se estrena en enero. Lo que importa al final es el texto”.

A esta editora malabarista y multitarea que en el plazo de dos horas puede actualizar las redes sociales, maquetar un libro, ir a Correos o hacer albaranes, facturas y cajas, le gusta el trabajo riguroso de una minúscula editorial llamada Kriller 71. Del catálogo de ésta destaca su empeño de divulgación de obra poética inédita y singular, y entre sus libros destaca Conjuros y cantos de Sara Torres.

Si a Elena Medel conviene leerla, no digamos ya escucharla. Sus palabras son anchas y su expresión honesta. Es por ello que cuando se le pregunta si alguien debe creer en los libros ella responde serena: “Vivimos con libros desde hace siglos. Es un instrumento humilde y pequeño, pero funciona”.

 http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/07/babelia/1475847405_132383.html

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LA MISIÓN DE EDUCAR

Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar... y poner todo en marcha. Pero para eso uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, que ese inexperto barco mientras uno lo trabaja, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada. Manuela Fernández

A MI HONORABLE PADRE. 19/05/08

A mi honorable padre.

Me encuentro en una situación difícil, pero cómoda. Es como si flotara en el espacio de los recuerdos. Todo sabe a recuerdos, todo son momentos vividos. Si camino, recuerdo; si pienso recuerdo más intensamente; si tomo cerveza, recuerdo instantes que compartimos; si voy a la compra, él siempre está presente. Todo lo que hay a mi alrededor me recuerda a él. Sueño con su presencia. Fue una persona muy importante en mi vida y para mi vida. Le dije millones de veces que lo quería y eso me reconforta sobremanera. Ahí ando, en estos senderos me encuentro. En alguna ocasión, los lagrimales vierten alguna gota de dolor. Sigo viviéndolo mucho más intensamente que cuando me regalaba su presencia.
Fue un hombre bueno, un buen hombre. Íntegro hasta la exageración. Honesto hasta hacer de la honestidad misma su modo de vivir. Paciente como el mejor chacal que espera el movimiento de su presa para capturarla, él para ayudarla. No tenía palabras de más, las que usaba se llenaban de esperanza y de emoción contenida. Lo quise hasta la profundidad del alma compartida y amiga. Tuve poca comunicación con él en los últimos años porque se apagaba su intelecto y, a la vez, su generosidad de coloso humano.Todo huele a él; todo sabe a él; todo suena a él. A él. A él mismo.

Siempre te recordaré, siempre te querré querido papá.

IN MEMORIAM - Tu hijo Josemari.


A MI MUSA

A MI MUSA

¿Y ahora qué? Ya no estás a mi lado.
Tu presencia se deshace tal el hielo
en fuego, se fija como una obsesión
que me llena y me llega y me yaga
en tremendos nubarrones irónicos
que deshacen amapolas de sueño.
Ese sueño sutil y estremecedor
de tu voz, de tu sonrisa,
de tus angelosos labios,
purpúreos y carnosos.
¡Dímelo al oído cuando estés!
Dime que quieres sólo un susurro mío,
un agradable abrazo mío, tal vez
un espontáneo beso mío.
¡Dímelo cuando estés!
Dime que el sueño sueña,
dime que el amor ama,
dime que sin llorar lloras,
dime que no podemos hacer nada,
dime que me quieres.
¡Dímelo cuando estés!
Te quiero a morir, planeta de mis sueños.

PARA MI VIDA, PARA TI.


PARA MI VIDA, PARA TI.

Amor, azucena celestial,
que nada entre espumosas olas,
¿por qué no me dices que me quieres?
¿por qué no colocas tu dulce,
perfume entre caracolas?
Dime amor, huele mi perfume,
ama mi instante, sueña con
tu sombra, con tu recuerdo,
inventa la estrella, ama el infinito
exhala perfumes inquietos
y dormidos silencios de placer.
¿Por qué no me dices que me quieres?
Hambre de mis venas,
Elegíaca amaca,
Luz de mis luces,
Entrada de mis penas,
Novela sin escribir,
Amor de mi vida.
¿Qué quieres que te diga más?
¿Qué? ¿Qué sueñas?