viernes, 23 de abril de 2010

PREMIO CERVANTES. JOSÉ EMILI PACHECO

José Emilio Pacheco recuerda la vida “llena de humillaciones y fracasos” del autor de El Quijote.
El poeta mexicano José Emilio Pacheco, que recogió hoy el Premio Cervantes de manos del Rey, hizo una emocionada defensa del gremio de los escritores, "miembros de una orden mendicante" que no reciben, como le pasó a Cervantes, el merecido reconocimiento por su obra. "No hay en la literatura española una vida más llena de humillaciones y fracasos" que la del autor del Quijote, subrayó Pacheco, que hubiera deseado poder dar este premio a quien le da nombre.
“Me gustaría que el premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera aliviado sus últimos años el recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en poco o nada remedió su penuria”, afirmó el autor de “Tarde o temprano”.
“Cuánto nos duele verlo o ver a su rival Lope de Vega humillándose ante los duques, condes y marqueses. La situación sólo ha cambiado de nombres. Casi todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial sino de un acontecimiento ya bimilenario que tiene a agudizarse en la era electrónica”, aseguró Pacheco.
Y es que la penuria de los escritores viene de Roma, cuando en la era de Augusto “quedó establecido el mercado del libro”. A todos los que intervienen en el proceso editorial, desde copistas a proveedores de papiros, editores o libreros, se les asignó “un pago o un medio de obtener ganancias”.
“El único excluido fue el autor sin el cual nada de los demás existiría”, señaló Pacheco, y precisamente Cervantes “resultó ser la víctima ejemplar de este orden injusto”.
Esa vida de humillaciones y fracasos -”se dirá que gracias a esto hizo su obra maestra”- tiene su reflejo en el Quijote, que para el poeta mexicano “no es cosa de risa. Me parece muy triste cuanto le sucede. Nadie puede sacarme de esa visión doliente”, subrayó.
En su discurso en Alcalá de Henares, Pacheco rememoró su inmersión infantil en la obra cumbre de Cervantes, en 1947, cuando siendo un niño de 8 años acudió con su escuela a una representación del Quijote en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México.
La obra, adaptada y dirigida por Salvador Novo y musicalizada por el mexicano Carlos Chávez y el español Jesús Bal y Gal, le despertó a “una realidad llamada ficción” y a un autor que le medio siglo después le conduciría a la gloria literaria. “Sin saberlo”, entró Pacheco “en lo que Carlos Fuentes define como el territorio de La Mancha. Ya nunca voy a abandonarlo”, añadió.
Tanto es así que 52 años después, estando en la Feria del Libro de Guadalajara, recibió una llamada “al amanecer” de la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, para comunicarle un premio que horas antes veía “muy lejano”. “Nunca lo voy a ganar”, le había dicho a los periodistas.
La ministra “me dio la noticia y me hundió en una irrealidad quijotesca de la que aún no despierto”, dijo el poeta.

Pero no todo en el discurso de Pacheco fueron referencias a Cervantes y al pasado. Hubo tiempo para hablar de los terremotos, de la nube de cenizas que se cierne sobre Europa o de Internet: “Como todo, Internet es al mismo tiempo la cámara de los horrores y el Retablo de las Maravillas”.
Y una referencia a la actualidad con la que puso fin a su discurso: “Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 -de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México- era previsible al comenzar el año. Todo cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye”.
“Sin embargo -añadió-, en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote”. Vale.

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LA MISIÓN DE EDUCAR

Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar... y poner todo en marcha. Pero para eso uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, que ese inexperto barco mientras uno lo trabaja, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada. Manuela Fernández

A MI HONORABLE PADRE. 19/05/08

A mi honorable padre.

Me encuentro en una situación difícil, pero cómoda. Es como si flotara en el espacio de los recuerdos. Todo sabe a recuerdos, todo son momentos vividos. Si camino, recuerdo; si pienso recuerdo más intensamente; si tomo cerveza, recuerdo instantes que compartimos; si voy a la compra, él siempre está presente. Todo lo que hay a mi alrededor me recuerda a él. Sueño con su presencia. Fue una persona muy importante en mi vida y para mi vida. Le dije millones de veces que lo quería y eso me reconforta sobremanera. Ahí ando, en estos senderos me encuentro. En alguna ocasión, los lagrimales vierten alguna gota de dolor. Sigo viviéndolo mucho más intensamente que cuando me regalaba su presencia.
Fue un hombre bueno, un buen hombre. Íntegro hasta la exageración. Honesto hasta hacer de la honestidad misma su modo de vivir. Paciente como el mejor chacal que espera el movimiento de su presa para capturarla, él para ayudarla. No tenía palabras de más, las que usaba se llenaban de esperanza y de emoción contenida. Lo quise hasta la profundidad del alma compartida y amiga. Tuve poca comunicación con él en los últimos años porque se apagaba su intelecto y, a la vez, su generosidad de coloso humano.Todo huele a él; todo sabe a él; todo suena a él. A él. A él mismo.

Siempre te recordaré, siempre te querré querido papá.

IN MEMORIAM - Tu hijo Josemari.


A MI MUSA

A MI MUSA

¿Y ahora qué? Ya no estás a mi lado.
Tu presencia se deshace tal el hielo
en fuego, se fija como una obsesión
que me llena y me llega y me yaga
en tremendos nubarrones irónicos
que deshacen amapolas de sueño.
Ese sueño sutil y estremecedor
de tu voz, de tu sonrisa,
de tus angelosos labios,
purpúreos y carnosos.
¡Dímelo al oído cuando estés!
Dime que quieres sólo un susurro mío,
un agradable abrazo mío, tal vez
un espontáneo beso mío.
¡Dímelo cuando estés!
Dime que el sueño sueña,
dime que el amor ama,
dime que sin llorar lloras,
dime que no podemos hacer nada,
dime que me quieres.
¡Dímelo cuando estés!
Te quiero a morir, planeta de mis sueños.

PARA MI VIDA, PARA TI.


PARA MI VIDA, PARA TI.

Amor, azucena celestial,
que nada entre espumosas olas,
¿por qué no me dices que me quieres?
¿por qué no colocas tu dulce,
perfume entre caracolas?
Dime amor, huele mi perfume,
ama mi instante, sueña con
tu sombra, con tu recuerdo,
inventa la estrella, ama el infinito
exhala perfumes inquietos
y dormidos silencios de placer.
¿Por qué no me dices que me quieres?
Hambre de mis venas,
Elegíaca amaca,
Luz de mis luces,
Entrada de mis penas,
Novela sin escribir,
Amor de mi vida.
¿Qué quieres que te diga más?
¿Qué? ¿Qué sueñas?