sábado, 22 de abril de 2017

Eduardo Mendoza recibe con humor el Premio Cervantes 2017

El novelista repasa en su discurso sus diferentes lecturas del ‘Quijote’

El autor recuerda a los amigos que le han apoyado en su carrera de escritor.

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) es el escritor serio más divertido de la literatura española y un hombre al que nunca se le ha oído decir un tópico. Por eso había tanta expectación en torno al discurso que pronunció este jueves en Alcalá de Henares dLa ciudad de los prodigios arrancó diciendo que se encontraba en una posición “envidiable para todo el mundo” menos para él mismo. Mientras los presentes en el paraninfo se preguntaban si lo decía por el premio o por el púlpito barroco desde el que hablaba, el escritor se lanzó a recordar las cuatro veces que ha leído el Quijote de cabo a rabo. 

urante la ceremonia de entrega del Premio Cervantes. Mendoza —que en la entrada de la universidad dijo haber traído a la familia para que le criticasen y a los amigos, para que le hicieran la ola— no defraudó. Tras la informada y bienhumorada presentación del ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, luciendo la medalla que el Rey le acababa de colgar al cuello y tras un sonoro suspiro, el autor de
La primera, dijo, fue por obligación del hermano Anselmo en el curso de 1959-1960, años de incienso y plomo al decir de Juan Marsé en los que “la pomposa abstracción que hoy llamamos Humanidades se llamaba humildemente curso de Lengua y Literatura”. De esto hace mucho, tanto que su amigo “don Francisco Rico aún no había alcanzado la edad de la razón”, dijo en referencia al famoso cervantista. Pese a los prejuicios que su generación tenía contra un héroe omnipresente en ceniceros y pisapapeles y convertido por el franquismo en arquetipo de la raza, Mendoza terminó rendido al encanto del estilo sencillo y claro de Cervantes. Nada raro en alguien que ya sabía que quería escribir aunque no supiera ni cómo ni sobre qué. “Las vocaciones tempranas”, aclaró, “son árboles con muchas hojas, poco tronco y ninguna raíz”.

La segunda vez que se acercó al Quijote, Mendoza era, apuntó, “lo que en tiempos de Cervantes se llamaba bachiller, quizá un licenciado, lo que hoy se llama un joven cualificado, y lo que en todas las épocas se ha llamado un tonto”. Esta vez no fue el lenguaje sino el personaje lo que le atrajo de la novela. Al instante se identificó con el Caballero de la Triste Figura en cuanto ser de “idealismo desencaminado”. “Un héroe épico”, explicó, “se vuelve un pelma cuando ya ha hecho lo suyo. En cambio, un héroe trágico nunca deja de ser un héroe, porque es un héroe que se equivoca. Y en eso a don Quijote, como a mí, no nos ganaba nadie”.
Cuando se lanzó a la tercera lectura, el autor barcelonés ya era un escritor de cierto éxito y “lo que nuestro código civil llama un buen padre de familia”. Lo primero lo era, dijo, gracias al apoyo de Carmen Balcells, su agente, “cuya ausencia empaña la alegría de este acto”, y de su “editor vitalicio” y “amigo incondicional”, Pere Gimferrer, poeta que ejerce en las oficinas de Seix Barral y que ayer se paseó por los jardines de la universidad alcalaína con gabardina, sombrero y paraguas. El cielo había amanecido londinense pero se volvió barcelonés a la hora del aperitivo. Si en la tercera lectura fue el humor lo que cautivo al autor de Sin noticias de Gurb, en la cuarta, realizada hace solo unos meses con motivo del premio que recibió ayer, la pregunta que le asaltó fue la más sencilla: ¿está loco don Quijote? Su respuesta fue sí. “Mi conclusión”, dijo, “es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza”. Y añadió con el mismo tono zumbón y melancólico, sin subrayados, que usó durante todo el discurso, bromeando en cada párrafo pero sin anunciar las bromas: “Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo”.
Cerrado el repaso de sus lecturas cervantinas, Eduardo Mendoza acabó refiriéndose, sin alarmismos, al “cambio radical” que afecta a la cultura: “La tecnología ha cambiado el soporte de la famosa página en blanco, pero no ha eliminado el terror que suscita ni el esfuerzo que hace falta para acometerla”. También aludió al papel de la ficción — “no dar noticia de unos hechos, sino dar vida a lo que, de otro modo, acabaría convertido en mero dato”— antes de recordar que actos como el de ayer entrañan para el protagonista, es decir él, un riesgo inverso al que corrió don Quijote: “Creerse protagonista de un relato más bonito que la realidad”. Luego prometió “hacer todo lo posible para que no ocurra tal cosa” y se despidió anunciado que seguirá siendo el que siempre ha sido: “Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores”.
El autor de Mauricio o las elecciones primarias —una novela de 2006 cuya lectura recomendó el ministro de Cultura a los presentes, políticos muchos de ellos— achina los ojos cuando sonríe, y ayer se pasó la mañana achinando los ojos, así lo llamase el Rey “artesano del lenguaje”, le preguntasen los periodistas por el porvenir del universo mundo o escuchase una sardana interpretada por la estudiantina. De ingredientes tan dispares sería capaz de sacar provecho narrativo un escritor baciyélmico al que le gusta mezclar a Musil con los tebeos y a Pulgarcito con Gilles Deleuze. Si no lo hace en el futuro será, para disgusto de sus lectores, porque es un caballero. Como dijo él mismo, siempre pensó que su dedicación al género humorístico lo pondría “a salvo de muchas responsabilidades”. Entre otras, codearse con las autoridades civiles y militares y recoger un premio Cervantes. Ayer comprobó que estaba equivocado.
                                                                             http://elpais.com/tag/eduardo_mendoza/a

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LA MISIÓN DE EDUCAR

Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar... y poner todo en marcha. Pero para eso uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, que ese inexperto barco mientras uno lo trabaja, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada. Manuela Fernández

A MI HONORABLE PADRE. 19/05/08

A mi honorable padre.

Me encuentro en una situación difícil, pero cómoda. Es como si flotara en el espacio de los recuerdos. Todo sabe a recuerdos, todo son momentos vividos. Si camino, recuerdo; si pienso recuerdo más intensamente; si tomo cerveza, recuerdo instantes que compartimos; si voy a la compra, él siempre está presente. Todo lo que hay a mi alrededor me recuerda a él. Sueño con su presencia. Fue una persona muy importante en mi vida y para mi vida. Le dije millones de veces que lo quería y eso me reconforta sobremanera. Ahí ando, en estos senderos me encuentro. En alguna ocasión, los lagrimales vierten alguna gota de dolor. Sigo viviéndolo mucho más intensamente que cuando me regalaba su presencia.
Fue un hombre bueno, un buen hombre. Íntegro hasta la exageración. Honesto hasta hacer de la honestidad misma su modo de vivir. Paciente como el mejor chacal que espera el movimiento de su presa para capturarla, él para ayudarla. No tenía palabras de más, las que usaba se llenaban de esperanza y de emoción contenida. Lo quise hasta la profundidad del alma compartida y amiga. Tuve poca comunicación con él en los últimos años porque se apagaba su intelecto y, a la vez, su generosidad de coloso humano.Todo huele a él; todo sabe a él; todo suena a él. A él. A él mismo.

Siempre te recordaré, siempre te querré querido papá.

IN MEMORIAM - Tu hijo Josemari.


A MI MUSA

A MI MUSA

¿Y ahora qué? Ya no estás a mi lado.
Tu presencia se deshace tal el hielo
en fuego, se fija como una obsesión
que me llena y me llega y me yaga
en tremendos nubarrones irónicos
que deshacen amapolas de sueño.
Ese sueño sutil y estremecedor
de tu voz, de tu sonrisa,
de tus angelosos labios,
purpúreos y carnosos.
¡Dímelo al oído cuando estés!
Dime que quieres sólo un susurro mío,
un agradable abrazo mío, tal vez
un espontáneo beso mío.
¡Dímelo cuando estés!
Dime que el sueño sueña,
dime que el amor ama,
dime que sin llorar lloras,
dime que no podemos hacer nada,
dime que me quieres.
¡Dímelo cuando estés!
Te quiero a morir, planeta de mis sueños.

PARA MI VIDA, PARA TI.


PARA MI VIDA, PARA TI.

Amor, azucena celestial,
que nada entre espumosas olas,
¿por qué no me dices que me quieres?
¿por qué no colocas tu dulce,
perfume entre caracolas?
Dime amor, huele mi perfume,
ama mi instante, sueña con
tu sombra, con tu recuerdo,
inventa la estrella, ama el infinito
exhala perfumes inquietos
y dormidos silencios de placer.
¿Por qué no me dices que me quieres?
Hambre de mis venas,
Elegíaca amaca,
Luz de mis luces,
Entrada de mis penas,
Novela sin escribir,
Amor de mi vida.
¿Qué quieres que te diga más?
¿Qué? ¿Qué sueñas?