lunes, 10 de agosto de 2026

Federico García Lorca, el asesinato de un poeta eterno.

 Crímenes que cambiaron la Historia

 Federico García Lorca, el asesinato de un poeta eterno

El poeta y dramaturgo español más celebrado del siglo XX se convirtió en mártir de la causa republicana y símbolo de la represión franquista.


Pronto se van a cumplir el 90 aniversario de una de las atrocidades, masacres, exterminio de intelectuales a manos de los fascistas que se levantaron en armas contra la IIª REPÚBLICA. 
En concreto la muerte vil de uno de los mejores poetas, dramaturgos, ensayistas de todos los tiempos.
Sirva esta entrada como homenaje de este, ya jubilado, profesor.


El 13 de julio de 1936, Federico García Lorca dejó Madrid y puso rumbo a su Granada natal. En la madrugada de aquel mismo día, un grupo de milicianos socialistas había matado al líder derechista José Calvo Sotelo. El crimen había sido una represalia por el asesinato del teniente socialista José del Castillo a manos de cuatro pistoleros de extrema derecha unas horas antes.

A cinco días de la sublevación militar que daría paso a la guerra civil, el clima de violencia inminente era asfixiante, y los rumores de que pronto habría un golpe de estado corrían sin control. España estaba a punto de escribir su capítulo más sangriento, y Lorca sospechaba que algunos lo tenían en su lista negra.

Así, el poeta español más popular del momento buscó refugio en la tierra que lo había visto nacer… y que acabaría traicionándolo. Acababa de cumplir 38 años.

A lo largo de su vida, Federico García Lorca desarrolló una empatía especial hacia las clases desfavorecidas; pero lo cierto es que él era hijo del privilegio. Nació a las 12 de la noche del 5 de junio de 1898, en Fuente Vaqueros, un pueblo de la provincia de Granada.

Su padre era don Federico García Rodríguez, un terrateniente adinerado, y su madre era doña Vicenta Lorca Romero, una maestra de escuela que alimentó el gusto de su hijo por la literatura. Después de Federico, el matrimonio tuvo cuatro hijos más: Luis, Francisco, Concha e Isabel.

Los García Lorca eran, junto con los Alba y los Roldán, una de las familias más pudientes de la vega granadina. El niño creció en la Andalucía rural, rodeado de imágenes, historias y personajes que influirían en su obra toda su vida. En una entrevista, Federico resumió así sus primeros años de vida en Fuente Vaqueros:

“Mi infancia es la obsesión de unos cubiertos de plata (…), es aprender letras y música con mi madre, ser un niño rico en el pueblo, un mandón”

Federico se crio entre niñeras y profesores, jugando con títeres, tocando el piano y corriendo entre árboles, dando rienda suelta a una imaginación extraordinaria que nunca lo abandonaría.

Pero también vio la miseria y la esclavitud del trabajo en algunas familias pobres del pueblo. Esto hizo que aquel niño rico empatizase con los que no tenían tanta suerte como él a una edad muy temprana.

Cuando Federico tenía 10 años, la familia se mudó a Granada. Allí él hizo sus estudios de bachillerato, y al acabar se matriculó en la universidad para estudiar las carreras de Filosofía y Letras, y Derecho. Con el tiempo acabaría dejando la primera carrera para centrarse en la segunda.

El joven Federico no era muy buen estudiante, pero era un gran músico. De hecho, su intención era ser pianista y compositor. Pero entonces empezó a escribir poemas, inspirado por autores como Shakespeare, Antonio Machado y Rubén Darío.

Cuando tenía veinte años su padre financió la publicación de su primer libro en prosa, Impresiones y paisajes. El Lorca pianista empezó a dar paso al Lorca literario, porque, como él mismo dijo, se sentía “lleno de poesía”. En esta época hizo amistad con un grupo de jóvenes creadores y formó un grupo de tertulia conocido como El Rinconcillo, que le serviría como fuente de inspiración y de diversión a partes iguales.

Aunque el ambiente intelectual que lo rodeaba en Granada era rico para una ciudad pequeña, Lorca sentía que necesitaba salir de allí. Según le dijo a un amigo por carta,

“Yo me ahogo aquí. Este ambiente provinciano terrible y vacío llena mi corazón de telarañas”.

Entonces, decidió dar el salto a Madrid. Allí consiguió plaza para vivir en la famosa Residencia de Estudiantes, un hervidero intelectual donde se hizo amigo de Luis Buñuel, Rafael Alberti y Salvador Dalí. Con Dalí -y a pesar del qué dirán- mantuvo una relación amorosa muy intensa que avivó la creatividad de los dos.

En 1920, Lorca publicó su primer poemario y estrenó su primera obra de teatro, El maleficio de la mariposa. Pero el estreno fue un fiasco, y la función solo estuvo en cartel cuatro días. La parte positiva es que gracias a esto conoció al productor teatral más importante del momento.

En ese mismo año, Lorca conoció a uno de sus ídolos: el compositor Manuel de Falla. Su influencia revivió su pasión por la música y lo introdujo en el arte del “cante jondo”, el cante andaluz que se considera la manifestación original del flamenco. Lorca veía fascinante este arte arcaico e imposible de trasladar a una partitura; tanto, que inspiró su célebre Poema del cante jondo.

Aunque Lorca era miembro del grupo literario conocido como la Generación del 27, no fue hasta 1928 cuando saltó al estrellato nacional. Y lo hizo gracias a la publicación de Romancero gitano. Su evocación lírica del mundo de los gitanos andaluces conquistó al público español; de hecho, muchos lectores pensaron que el propio Lorca debía ser gitano.

El Romancero fue tal éxito que la primera edición se agotó en un año. Pero no todo fueron buenas noticias. La obra también recibió algunas críticas negativas -incluso por parte de sus amigos Buñuel y Dalí- por ser demasiado “costumbrista”. Esto, sumado a la pérdida de la privacidad que le trajo la fama, la ruptura de su amistad con Dalí, otro fracaso amoroso, y una crisis espiritual profunda, sumió a Lorca en una depresión.

Entonces, decidió cambiar de aires y poner rumbo a Nueva York. Este viaje fue, según sus propias palabras, una de las experiencias más útiles de su vida. Allí escribió Poeta en Nueva York, una obra que rompía con su trabajo anterior y que se convirtió en uno de sus libros más influyentes.

El 14 de abril de 1931, se proclamó la Segunda República Española. Tras siete años de dictadura militar al mando de Miguel Primo de Rivera, esta nueva era política trajo derechos y libertades democráticas, y encendió la llama de la esperanza por un futuro mejor.

Como tantas otras personalidades de las artes y las letras, Lorca apoyó el nuevo régimen con ilusión. Un año después, estrenó su obra teatral Bodas de sangre. La pieza fue tan popular que se estudia como el inicio de la época más brillante del teatro español desde el Siglo de Oro -que fue el siglo XV-.

Con el apoyo del gobierno republicano, Lorca creó en 1931 un proyecto al que se dedicaría en cuerpo y alma: el grupo de teatro ambulante y gratuito La Barraca.

Formada por estudiantes universitarios, La Barraca buscaba acercar las obras del teatro clásico español a las gentes más humildes. Lorca creía que la misión del teatro era educar a las multitudes, y deseaba devolverlo al pueblo. En su opinión, el teatro se había aburguesado demasiado, y necesitaba recuperar al público olvidado, al “español de alpargata”. Y así lo hizo.

Las funciones de La Barraca atrajeron a cada vez más espectadores de la España rural que no habían visto nunca una obra de teatro. Pero, a medida que la fama y el éxito de La Barraca crecían, también lo hacían las críticas despiadadas de la derecha.

Según los detractores del nuevo gobierno, La Barraca no era más que un instrumento de propaganda política al servicio de la república. Cuando en una entrevista le preguntaron por el objetivo de la formación, Lorca la defendió así:

“Nuestro primer propósito era desenvolvernos solo en ambientes universitarios. Después hemos ido al campo, y hemos encontrado allí tanta cordialidad y comprensión… Quizás más que en las capitales. Todo esto, a pesar de las imputaciones canallescas de los que han querido ver en nuestro teatro un propósito político. No, nada de política. Teatro y nada más que teatro”.

En 1933 se estrenó Bodas de sangre en Argentina y fue un éxito rotundo. A raíz de esto, Lorca fue invitado a dar varias conferencias allí y a dirigir una nueva obra. Él aceptó sin dudarlo. Este viaje le mostró la dimensión real de su popularidad en Hispanoamérica: era una estrella, “el Homero español”.

A su vuelta a España, Lorca continuó escribiendo teatro y defendiendo su utilidad social. Para él, el teatro era “una tribuna libre” donde mostrar conductas anticuadas o erróneas “y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón”. En septiembre de 1935, Lorca se instaló en Barcelona por tres meses con motivo del estreno allí de Yerma y Bodas de sangre.

Las obras causaron sensación. En octubre, dio un recital para los ateneos obreros, que se llenaron. De hecho, había tanta gente que se instalaron altavoces en la Rambla de Cataluña para que el público que no cabía en el local pudiese escucharlo desde la calle.

En diciembre estrenó Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, con idéntico éxito. Cada tarde, antes de la función, Lorca recibía un misterioso ramo de flores sin remitente; más tarde descubrió que eran regalos de las floristas de La Rambla. Lorca estaba maravillado por este detalle. Antes de volver a Madrid, se vio con su amigo el escritor Arturo Serrano y le dijo:

“Esto es la revolución. Los sindicatos de floristas vienen a traerme flores a mí, al poeta. ¿Te das cuenta de lo que es esto?”.

En 1936, la situación política en España era crítica. Las tensiones entre la izquierda y la derecha estaban generando un clima de incertidumbre, violencia y fatalismo cada día más inquietante. Los sectores más fanáticamente antirrepublicanos se ensañaron en su campaña de desprestigio contra el gobierno democrático.

Hacia el verano la guerra parecía inevitable. Lorca era consciente del peligro y le horrorizaba la idea de la guerra, pero continuó apoyando públicamente las reformas progresistas de la II República. El ambiente prebélico tampoco hizo que su actividad se resintiese. De hecho, en mayo o junio del 36 Lorca terminó una de sus obras más célebres: La casa de Bernarda Alba.

La obra es una crítica feroz a la hipocresía, los prejuicios sociales y la obsesión con la moralidad y las apariencias de las familias acomodadas de Andalucía. Al parecer, Lorca se inspiró en los Alba para escribir esta obra. A su madre no le gustó nada la idea, y le pidió que cambiase los nombres de los personajes; pero él se negó. Algunos historiadores creen que esta ofensa a la familia Alba tuvo algo que ver en el destino trágico del poeta.

orca era tan popular que, cuando la situación en España se preveía catastrófica, los embajadores de Colombia y México le ofrecieron exiliarse en América. Él rechazó las ofertas, quizá porque no sentía que estuviese en peligro grave, o quizá porque prefería refugiarse en su tierra.

Cuando llegó a Andalucía tras dejar Madrid, se dirigió a la Huerta de San Vicente, la casa familiar de sus padres. Apenas cuatro días después, el 18 de julio de 1936, un grupo de militares derechistas -entre ellos, el general Francisco Franco- dieron un golpe de estado contra el gobierno constitucional de la Segunda República.

Este bando estaba formado por todas las fuerzas contrarias a la izquierda, entre ellas Falange Española, el partido fundado por Jose Antonio Primo de Rivera, el hijo del dictador que había gobernado antes de la república. El alzamiento militar recibió la ayuda de Hitler y Mussolini. La guerra civil española acababa de empezar.

Inicialmente, la situación en Granada fue tranquila. Pero el 20 de julio los militares de la capital se unieron al golpe. Entonces empezó una etapa de represión implacable hacia cualquiera que fuese visto como aliado de la República.

El hombre al mando era José Valdés, un “camisa vieja” de Falange que había tomado el gobierno civil y que obedecía órdenes del general Queipo de Llano. Una de las primeras víctimas de la represión fue Manuel Fernández-Montesinos, que era el alcalde socialista de Granada y marido de Concha, hermana de Lorca. Fue fusilado al mes siguiente, a pocas horas de que lo detuviesen a él.

Durante la estancia de Lorca en su casa familiar, los militares sublevados fueron allí dos veces para hacer registros. Buscaban al casero de la finca para hacerle confesar el paradero de sus hermanos, que estaban acusados de asesinato falsamente.

El casero fue atado a un cerezo y maltratado para que hablase. Entonces, la familia García Lorca se dio cuenta de que Federico corría peligro en aquella casa. Había que sacarlo de allí antes de que volviesen a por él.

El 9 de agosto, por la noche, el chófer de la familia llevó a Federico a la casa familiar de su amigo el poeta Luis Rosales. Los hermanos de Luis eran miembros destacados de Falange en Granada, y justamente por eso, Lorca pensó que su casa sería un lugar seguro; él confiaba en los Rosales, y ellos lo apreciaban.

Inicialmente, los Rosales no creían que la vida de Lorca estuviese en peligro, y aceptaron acogerlo para que su familia estuviese más tranquila. Pero a medida que crecía la represión violenta, empezaron a pensar que quizá era más prudente trasladarlo a la zona republicana. Pero él se negó. Federico temía que si los golpistas le perdían la pista hiciesen daño a su familia. La intuición no le fallaba.

El 15 de agosto, un escuadrón militar fue a casa de los padres de Lorca para detener a Federico. Destrozaron la casa buscándolo, pero, obviamente, no lo encontraron. Entonces, decidieron llevarse a su padre, probablemente para torturarlo y hacerle confesar el paradero de su hijo.

Concha, la hermana de Lorca, estaba sufriendo también por su marido. No pudo soportar la visión de los militares llevándose a su padre, y estalló: les dijo que su hermano Federico estaba en casa de Luis Rosales, leyendo poesía. Al día siguiente, se presentó allí un grupo de militares dirigido por Ramón Ruiz Alonso, exdiputado de ultraderecha y miembro de las escuadras que sembraron el terror en Granada tras la sublevación.

Ruiz Alonso llevaba una orden de arresto contra Federico García Lorca, habiéndolo acusado de ser espía ruso, homosexual y secretario del ministro republicano Fernando de los Ríos; también dijo que Lorca había hecho más daño “con la pluma que otros con la pistola”.

La familia Rosales, viendo que no podía hacer nada, accedió a que se lo llevasen al edificio del Gobierno Civil, a condición de que el hermano mayor, Miguel, pudiese acompañarlo.

Miguel estaba seguro de que aquello era un malentendido, y esperaba poder arreglarlo allí. Pero las rivalidades entre los propios falangistas y los obstáculos burocráticos que se encontraría entorpecerían sus planes.

En las horas siguientes, los hermanos Rosales intentaron por todos los medios conseguir una orden de liberación para Lorca. Mientras, él esperaba su destino en una celda. Primero fueron a ver a Valdés, el gobernador civil. Pero este les dijo que tenían que hacer una declaración escrita confesando que habían tenido a “un rojo” escondido en su casa.

Era una manera de humillarlos: un rojo en casa de unos falangistas destacados era una vergüenza mayúscula. Al día siguiente, los hermanos Rosales acudieron al general Espinosa, la máxima autoridad militar de la provincia de Granada. Como tenían buena relación con él, consiguieron la orden de liberación para Lorca.

Pepe Rosales volvió a ver a Valdés para entregarle la orden del general; pero él la rechazó, diciendo que no tenía ningún valor y que Lorca ni siquiera estaba ya en el edificio. El esfuerzo de los hermanos Rosales por salvar a su amigo había sido en vano. Ninguno de ellos volvería a verlo.

Los historiadores creen que Lorca salió de su celda del Gobierno Civil entre el 17 y el 19 de agosto. Fue trasladado al pueblo vecino de Víznar en un coche, junto con los toreros anarquistas Juan Arcoyas y Francisco Galadí, y un delincuente común conocido como “El Terrible”.

Entonces, Lorca fue confinado en La Colonia, una casona que los golpistas habían desalojado y que utilizaban como cárcel improvisada. Había dos presos en la casa: un chico que había sido detenido por robo a mano armada y Dióscoro Galindo, un maestro humanista que enseñaba a escribir a jornaleros analfabetos y que había sido acusado de negar la existencia de Dios en sus clases. Allí fue donde Lorca pasó sus últimas horas.

La fecha de la muerte de Lorca ha sido objeto de debate desde hace años. A día de hoy, todavía no está clara; solo se sabe que fue el 17, el 18 o el 19 de agosto de 1936.  Se cree que Lorca fue llevado a un camino rural cerca del barranco de Víznar, de madrugada, y fue asesinado con arma de fuego, junto con Galindo y los dos toreros anarquistas.

El cuerpo de Lorca se enterró en una fosa común próxima al lugar, y nunca ha sido recuperado. No hay pruebas de quién disparó a Lorca, pero tras el asesinato, Juan Luis Trescastro, un abogado derechista y sanguinario amigo de Ruiz Alonso, fue por las tabernas de Granada presumiendo de haber ejecutado a Lorca. Miguel Cerón, amigo del poeta, explicó que coincidió con Trescastro en un café de la ciudad y lo oyó decir:

“Acabamos de matar a Federico García Lorca, y el tiro de gracia se lo he dado yo”.

Otros testigos explicaron que Trescastro iba diciendo que le había dado “dos tiros en el culo, por maricón”.

El relato de los últimos días de Lorca es una cadena de desaciertos fatales digno de una de sus tragedias. Lorca huyó de Madrid pensando que no era un lugar seguro, pero Madrid no cayó en manos de los golpistas hasta marzo de 1939.

Si se hubiese quedado allí en vez de ir a Granada, quizá se hubiese salvado. La historia está llena de posibilidades frustradas: si hubiese aceptado exiliarse en América... Si hubiese dejado que los hermanos Rosales lo llevasen a zona republicana… Si su hermana Concha no hubiese tenido que elegir entre su padre o su hermano… Si el general Espinosa hubiese dado la orden de liberación de Lorca directamente a Valdés…

Durante décadas, historiadores e investigadores españoles y extranjeros han intentado reconstruir el misterio de los últimos días de Lorca, y han lanzado hipótesis sobre las posibles claves del caso. Ian Gibson, que ha dedicado gran parte de su vida a estudiar la vida y muerte de Lorca, cree que la orden de asesinar a Lorca tuvo que venir del entorno de Valdés, un corrillo de ultraderechistas adinerados de Granada que odiaban a Lorca y a su familia.

Otros han interpretado el asesinato de Lorca como un ajuste de cuentas de las familias Alba y Roldán debido a una disputa sobre unas tierras. Es cierto que los responsables del asesinato de Lorca estaban relacionados con estas familias, y puede que algunos de sus miembros se alegrasen de su muerte; pero esto no significa necesariamente que ordenasen su ejecución.

No hay que olvidar que en las ciudades pequeñas las familias ricas tendían a casarse entre ellas para aumentar su patrimonio. El resultado era que estos clanes siempre estaban conectados, y Granada no era una excepción. El propio Lorca era pariente lejano de los Alba y los Roldán.

Para el historiador Ian Gibson, hubo varios factores involucrados en el asesinato de Lorca. Por un lado, estaba el factor político. Federico era un intelectual, y en el 36 esto era sinónimo de progresista. Nunca se afilió a ningún partido político, pero tampoco escondió sus simpatías: firmó manifiestos antifascistas, colaboró con asociaciones como Socorro Rojo Internacional, y se movía en círculos izquierdistas.

Aunque tenía amistades de izquierdas y de derechas, era un hombre de ideas renovadoras con una profunda conciencia social y sensibilidad hacia los oprimidos. Era lo que los golpistas definían como “un rojo”. Por otro lado, Gibson habla de envidia.

El padre de Lorca era un terrateniente rico pero liberal, que ayudaba a los campesinos que trabajaban para él. Esto le valió la antipatía de los caciques andaluces más reaccionarios. Los García Lorca eran envidiados por su posición, y Federico lo era también por su talento y su carisma. Al mismo tiempo, él era bien consciente de las miserias morales que plagaban la élite granadina. De hecho, en una entrevista definió Granada como:

“una tierra del chavico donde se agita actualmente la peor burguesía de España”.

Y, además, Lorca era homosexual en una época en que la homofobia era una plaga, especialmente en los ambientes más ultraderechistas. Todos estos ingredientes formaron el cóctel venenoso que mató Lorca en aquel verano fatídico del 36.

Durante las semanas siguientes a la muerte de Lorca, los rumores del asesinato empezaron a circular. La noticia se confirmó el 9 de septiembre del 36, cuando el diario ABC publicó una crónica sobre un evadido de Granada que aseguraba que Lorca había sido ejecutado. La conmoción por el asesinato fue instantánea, dentro y fuera de España.

La prensa internacional reprodujo la noticia, y se le rindieron homenajes en varias ciudades. El escritor británico Herbert George Wells estaba tan impactado por la noticia que escribió un telegrama a las autoridades militares de Granada rogando información sobre “su distinguido colega Federico García Lorca”. El coronel Espinosa le contestó diciendo que se ignoraba el paradero de su amigo.

En Argentina, una treintena de intelectuales firmó un manifiesto dirigido a las autoridades franquistas, denunciando que había sido “brutalmente apagada una de las voces más puras y nobles de la nueva España”. Antonio Machado, también perseguido por el bando faccioso, le dedicó uno de sus poemas más célebres: El crimen fue en Granada. Pero la muerte de Lorca no conmocionó solo a la izquierda. A principios de 1937, el diario falangista Unidad publicó una elegía titulada “A la España imperial le han asesinado a su mejor poeta”.

El escándalo internacional surgido a raíz del asesinato de Lorca dañó profundamente la imagen de España, pero, de los hombres implicados, solo Ruiz Alonso fue relegado al ostracismo.

Los demás continuaron sus carreras sin afrontar las consecuencias del crimen. En cambio, Luis Rosales quedó marcado para siempre por la muerte de su amigo, y la familia García Lorca decidió exiliarse en Estados Unidos en el verano de 1940. Don Federico, el padre del poeta, se despidió de España con una frase escueta pero tajante:

“No quiero volver a ver este jodío país en toda mi vida”.

En 2009, y como parte del programa estatal de recuperación de la Memoria Histórica, se abrió la fosa común donde se creía que había sido enterrado Lorca. Pero no se encontró nada. Desde entonces ha habido al menos tres excavaciones más en la zona, que tampoco han dado con sus restos.

Aunque es probable que se realicen más búsquedas, de momento los descendientes del poeta han declarado que no darán permiso para exhumar sus restos. En España hay unas 2.600 fosas comunes de la guerra civil sin abrir. La mayoría están en Aragón, Andalucía y Asturias.

Cuando en una entrevista le preguntaron por su adscripción política, Lorca respondió:

“Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico”.

En otros medios, el poeta expresó su simpatía por “los perseguidos, el gitano, el negro, el judío… el morisco que todos llevamos dentro”. Siempre transitando entre la tradición y la vanguardia, lo popular y la alta cultura, Federico era un virtuoso de la palabra, y la utilizó para escribir versos que reflejan su amor por su tierra y su compasión hacia los demás.

En su obra ocupan un lugar especial las mujeres, que en aquella España eran criaturas condenadas a la obediencia, la sumisión, la soledad y el silencio. Lorca recorrió la España profunda para llevar la cultura hasta el rincón más oscuro, y lo hizo porque creía que así se creaba una sociedad mejor.

Lo mataron por “rojo”; porque, según sus enemigos, era un peligro para España. Pero, cuando en una de sus últimas entrevistas le preguntaron por sus ideas sobre las fronteras y las naciones, dijo:

“Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más (…), por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo (…) Yo canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos”.

Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025

 

Gonzalo Celorio, Premio Cervantes 2025

03/11/2025

  • El jurado ha destacado al autor mexicano por “la excepcional obra literaria y labor intelectual con la que ha contribuido de manera profunda y sostenida al enriquecimiento del idioma y de la cultura hispánica”
  • Además, ha resaltado que “a lo largo de más de cinco décadas, ha consolidado una voz literaria de notable elegancia y hondura reflexiva en la que conjuga la lucidez crítica con una sensibilidad narrativa que explora los matices de la identidad, la educación sentimental y la pérdida. Su obra es al mismo tiempo una memoria del México moderno y un espejo de la condición humana”


  • El jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes ha otorgado a Gonzalo Celorio el Premio Cervantes 2025. Concedido por el Ministerio de Cultura, el galardón está dotado con 125.000 euros.

    El fallo del Jurado ha sido anunciado por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, acompañado de la directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura del Ministerio de Cultura, María José Gálvez, en un acto celebrado en el Auditorio Jorge Semprún.

    El jurado ha otorgado el premio a este autor por “la excepcional obra literaria y labor intelectual con la que ha contribuido de manera profunda y sostenida al enriquecimiento del idioma y de la cultura hispánica”. Además, ha señalado que “a lo largo de más de cinco décadas, Gonzalo Celorio ha consolidado una voz literaria de notable elegancia y hondura reflexiva en la que conjuga la lucidez crítica con una sensibilidad narrativa que explora los matices de la identidad, la educación sentimental y la pérdida. Su obra es al mismo tiempo una memoria del México moderno y un espejo de la condición humana”

    Finalmente, ha destacado que “en sus libros resuenan la ironía, la ternura y la erudición, trazando un mapa emocional y cultural que ha influido en generaciones de lectores y escritores. Celorio representa la figura del escritor integral: creador, maestro y lector apasionado. Constructor de un legado invaluable que honra la lengua española y la mantiene viva en su forma más alta: la de la palabra que piensa, siente y perdura”.

    Biografía 

    Doctor en Lengua y Literaturas Hispánicas, especializado en Literatura Hispanoamericana por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha desarrollado una extensa labor académica y docente. Desde 1974 ha impartido clases en diversas instituciones, entre ellas la Universidad Iberoamericana, el Instituto Politécnico Nacional y El Colegio de México.

    Ha ejercido numerosos cargos académicos y culturales, como el de secretario académico y director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (1998-2000); director de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes; coordinador de Difusión Cultural de la UNAM (1989-1998); y director general del Fondo de Cultura Económica (2000-2002). Actualmente es profesor de literatura hispanoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde dirige la cátedra extraordinaria ‘Maestros del Exilio Español’.

    Es miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, de la que es su director, y también miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Cubana de la Lengua.

    Entre sus obras más reconocidas se encuentran las novelas ‘Amor propio’, ‘El viaje sedentario’, ‘Y retiemble en sus centros la tierra’, ‘El metal y la escoria’ y ‘Mentideros de la memoria’, así como los ensayos ‘Los subrayados son míos’ y ‘Cánones subversivos’.

    Su trayectoria ha sido distinguida con numerosos reconocimientos, como el Premio de Periodismo Cultural del Instituto Nacional de Bellas Artes (1986) por ‘Los subrayados son míos’; el Prix des Deux Océans (1997, Festival de Biarritz) por ‘El viaje sedentario’; el Premio Nacional de Novela IMPAC-CONARTE-ITESM (1999) por ‘Y retiemble en sus centros la tierra’; el Premio Universidad Nacional en el campo de Creación Artística y Extensión de la Cultura (2008); el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura (2010); el Premio Mazatlán de Literatura (2015) por ‘El metal y la escoria’; y el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores (2023) por ‘Mentideros de la memoria’. Asimismo, recibió la Orden de la Cultura Nacional, otorgada por el Ministerio de Cultura de Cuba en 1996.

    Su obra, caracterizada por la erudición, el rigor estilístico y la reflexión sobre la memoria, la identidad y la tradición literaria hispanoamericana, lo sitúa entre los autores más relevantes de la literatura mexicana actual.

  • Gonzalo Celorio nació en la Ciudad de México en 1948. Es narrador, ensayista, cronista y una de las figuras más destacadas de la literatura mexicana contemporánea.

  • Historia del premio 

    Puede ser galardonado con el Premio Cervantes cualquier autor o autora cuya obra literaria esté escrita totalmente, o en parte esencial, en castellano. Los candidatos al Premio los pueden presentar las Academias de la Lengua Española, los autores premiados en anteriores convocatorias, las instituciones que, por su naturaleza, fines o contenidos, estén vinculadas a la literatura en lengua castellana y los miembros del Jurado.

    La relación de los galardonados constituye una clara evidencia de la significación del Premio para la cultura en lengua castellana:

    1976 Jorge Guillén1977 Alejo Carpentier1978 Dámaso Alonso1979 Jorge Luis Borges y Gerardo Diego1980 Juan Carlos Onetti1981 Octavio Paz1982 Luis Rosales1983 Rafael Alberti1984 Ernesto Sábato1985 Gonzalo Torrente Ballester1986 Antonio Buero Vallejo1987 Carlos Fuentes1988 María Zambrano1989 Augusto Roa Bastos1990 Adolfo Bioy Casares1991 Francisco Ayala1992 Dulce María Loynaz1993 Miguel Delibes1994 Mario Vargas Llosa1995 Camilo José Cela1996 José García Nieto1997 Guillermo Cabrera Infante1998 José Hierro1999 Jorge Edwards2000 Francisco Umbral2001 Álvaro Mutis2002 José Jiménez Lozano2003 Gonzalo Rojas2004 Rafael Sánchez Ferlosio2005 Sergio Pitol2006 Antonio Gamoneda2007 Juan Gelman2008 Juan Marsé2009 José Emilio Pacheco2010 Ana María Matute2011 Nicanor Parra2012 José Manuel Caballero Bonald2013 Elena Poniatowska2014 Juan Goytisolo Gay2015 Fernando del Paso2016 Eduardo Mendoza2017 Sergio Ramírez2018 Ida Vitale2019 Joan Margarit2020 Francisco Brines2021 Cristina Peri Rossi2022 Rafael Cadenas2023 Luis Mateo Díez2024 Álvaro Pombo2025 Gonzalo Celorio.

  • Mediante la concesión de este premio, dotado con 125.000 euros, se rinde anualmente público testimonio de admiración a la figura de un escritor o escritora que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.

4 obras fundamentales de Han Kang, Premio Nobel de Literatura 2024

                Premio Nobel de Literatura 2024.

                        Han Kang.

A pesar de haber sufrido un episodio de bloqueo durante la producción de su cuarta novela, la escritora surcoreana ha logrado erigirse como una eminencia en el mundo de la literatura.


Han Kang es una escritora excelente. No solo su exitosa carrera literaria da fe de ello, sino también la reciente decisión de la Academia Sueca de otorgarle el Premio Nobel de Literatura 2024, tal vez el reconocimiento más prestigioso que cualquier profesional de esta disciplina puede recibir. 

La autora, nacida en Gwangju (Corea del Sur) en 1970, es el claro ejemplo de que el camino hacia el éxito no es lineal. Tal y como reveló ella misma a los medios a finales de 2023, durante la producción de su cuarta novela sufrió un bloqueo creativo de aproximadamente un año que, sin embargo, no le impidió más tarde seguir forjando un estilo propio hasta convertirse en la eminencia que es hoy.

Desde el comienzo de su trayectoria en 1993, la evolución de su obra ha sido evidente: mientras que debutó en la literatura con la publicación de cinco poemas en una revista llamada Literatura y Sociedad, ahora es considerada una figura "innovadora en la prosa contemporánea".

En palabras de Anders Olsson, presidente del Comité Nobel, Kang ha conseguido con su pluma enfrentarse a traumas históricos y exponer la fragilidad de la vida humana a través de un estilo poético y experimental. Así pues, en Historia National Geographic destacamos 4 obras de su autoría que deberías incluir en tu biblioteca.




1. Tus manos frías (2002)

"La vida es una sábana que se arquea sobre un abismo, y nosotros vivimos sobre él como acróbatas enmascarados", señala una de las últimas frases de la obra. En esta novela, uno de sus primeros trabajos en el terreno de la prosa, la autora hace evidente la combinación de sus grandes pasiones: la literatura y el arte.

La historia trata de reproducir un manuscrito dejado por un antiguo escultor obsesionado con moldear en yeso cuerpos femeninos, y en este juego protagonizado por la persona y su experiencia, surge un conflicto entre lo que el cuerpo revela y lo que oculta. Además, Kang demuestra en esta novela una gran preocupación por la anatomía humana y un gran dominio a la hora de describir con palabras la conexión cuerpo-alma.


2. La vegetariana (2007)

Si hay algo que destaca de esta obra es que es la primera de Kang en ser traducida al inglés, al castellano y al catalán, un hecho que la hizo merecedora del premio Man Booker International en 2016. 

La novela trata sobre una mujer llamada Yeong-hye que se niega a someterse a las normas de ingesta de alimentos establecidas por la sociedad. Según contó la autora a diversos medios, la trama surgió de un relato corto propio sobre una protagonista, también mujer, que acababa convirtiéndose en una planta

Calificada por la organización del Man Booker Internacional como "poderosa, original, compacta y exquisita", esta pieza es considerada por la crítica como la más destacada de la trayectoria de Kang.


3. La clase de griego (2011)

Esta novela no llegó a España hasta 2023. Sin embargo, fue en 2011 cuando se publicó en versión original. Se trata de una historia de amor entre dos personajes vulnerables: ella es una joven que, tras vivir una experiencia traumática, se queda sin la capacidad de hablar y, más tarde, se enamora de su profesor de griego antiguo, que está en proceso de perder la vista. 

Así, La clase de griego (2011) pone énfasis en tres aspectos que la escritora surcoreana relata con extrema empatía: la intimidad, el sentimiento de pérdida y el valor de ese lenguaje que va más allá de las palabras. 

4. Actos humanos (2014)

Por último, esta novela se basa en un hecho histórico para construir su trama. La autora se inspiró en los acontecimientos ocurridos en Gwangju, su ciudad natal, en el año 1980, cuando cientos de estudiantes fueron reprimidos por el ejército surcoreano a causa de un levantamiento contra el golpe de estado del dictador Chun Doo-hwan el 17 de mayo de ese año.

La diferencia entre esta obra y el resto es la incorporación de testimonios reales que permiten, como señaló Olsson en el anuncio del Premio Nobel de Literatura 2024, hacer frente a ese trauma histórico y dar voz a las víctimas de la historia. 


 

 Premio Nobel de Literatura 2025.

    László Krasznahorkai,

László Krasznahorkai, uno de los narradores más originales de la literatura europea, ha sido distinguido con el premio Nobel de Literatura 2025.

El autor húngaro ha creado a lo largo de los años una obra literaria singularísima, y tal vez por ello se la ha comparado a menudo con la de otros autores únicos en su especie, como Kafka–su héroe literario–, Gógol, Beckett o Bernhard. La desolación, el apocalipsis y el absurdo, que constituyen el telón de fondo de su mundo narrativo, no están reñidos en su obra con la búsqueda de la belleza o el amor a la naturaleza como reflejo de la divinidad. Aunque Krasznahorkai haya afirmado que escribir es para él algo tan enigmático como «bailar en el infierno», a los lectores su misteriosa danza nos parece mágica una y otra vez.

Nos complace enormemente haber puesto a disposición de los lectores en lengua castellana la obra, siempre lúcida y sorprendente, de este magnífico escritor.

László Krasznahorkai (Gyula, Hungría, 1954) recorrió durante años el país después de estudiar en Budapest y ejerció diversas profesiones en pueblos y ciudades de provincias. Acantilado ha publicado Melancolía de la resistencia (2001)—con la que se presentó a los lectores en lengua española—, Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río (2005), Guerra y guerra (2009), Ha llegado Isaías (2009), Y Seiobo descendió a la Tierra (2015), Tango satánico (2017), Relaciones misericordiosas (2023) y El barón Wenckheim vuelve a casa (2024). Varias de sus obras han sido llevadas al cine. En 2004 recibió del Gobierno húngaro el Premio Kossuth, uno de los más prestigiosos de su país, por el conjunto de su obra; en 2015, el Man Booker International; en 2021, el Premio Austríaco de Literatura Europea, y en 2024, el Premio Formentor de las Letras.

miércoles, 16 de abril de 2025

Mario Vargas Llosa: “No me arrepiento de nada”

El escritor hispanoperuano y premio Nobel recibe a ‘El País Semanal’ en su casa de Madrid y se confiesa sobre la literatura y la vida, a punto de ingresar en la Academia Francesa.

 

El escritor Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 86 años), premio Nobel de Literatura, recibe en una casa de espacios enormes, luz y libros. Es su famoso refugio de la calle de la Flora en el centro de Madrid, que el autor abandonó hace siete años para irse a vivir a una casa aún más famosa, la de la conocida como reina de corazones Isabel Preysler en Puerta de Hierro, también en Madrid. “La experiencia se vivió y ya está. Ya vuelvo a estar aquí, rodeado de mis libros”, dirá en medio de la entrevista, riendo como si hubiese regresado a Ítaca. “No me arrepiento de nada, absolutamente”, matiza acto seguido. El escritor de clásicos de la literatura universal como La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral, La casa verde, La guerra del fin del mundo o La fiesta del Chivo está de buen humor. Observa que el periodista pide vino y cambia su petición: él también quiere vino. La conversación se alarga una copa más, una hora y media en la que responde a todo o casi todo. El jueves 9 de febrero será uno de los días más importantes en la vida de Mario Vargas Llosa: entrará en la Academia Francesa; el primer escritor, desde su fundación en 1634 por el cardenal Richelieu, que lo hace sin obra original en lengua francesa. Un hito para quien tenía París como un sueño de juventud y Flaubert como un sueño de estilo.

A los académicos franceses los llaman inmortales.

Ser inmortal me parecería aburridísimo. Mañana, pasado, el infinito… No, es preferible morirse. Lo más tarde posible, pero morirse.

¿Piensa en la posteridad?

En la vida lo he hecho. Pienso en mis hijos, en mis nietos. Pero de mis libros no pienso nada.

¿De verdad no piensa: ‘Este libro se va a quedar para siempre, este otro también’?

Tengo libros que merecerían sobrevivirme, sí. Conversación en La Catedral y La guerra del fin del mundo. Son dos libros en los que trabajé muchísimo. Pero yo no pienso en la muerte. ¿Qué ocurrirá con mi obra después de muerto? No lo sé, no estoy en esas.

¿En qué está?

Vargas Llosa

En nada de eso. Lo que yo detesto es el deterioro. Las ruinas humanas. Es algo terrible, lo peor que podría pasarme. Por ejemplo, ahora tengo problemas de memoria. La memoria la tuve siempre muy lúcida. Recordaba las cosas, y noto cómo se ha empobrecido. Es inevitable: 86 años. Hay cosas que recuerdo más que otras, pero… Algunos nombres, por ejemplo: veo las caras, pero los nombres se me han perdido.

¿Es usted nostálgico?

Hasta cierto punto. Recuerdo muchas cosas que lamento que se hayan perdido. Por ejemplo, los años universitarios. Los recuerdo con gran lucidez. En cambio, para los de inmediatamente después ya entro en una especie de nebulosa. Son como unas nubes que de pronto me recuerdan hechos muy tristes, o muy alegres. Recuerdo de Bolivia al hermano que nos enseñó a leer: el hermano Justiniano. Era un viejecito italiano que nos hacía bailar y nos iba metiendo las letras y las conjunciones. Algo maravilloso, una de las grandes cosas que me han pasado en la vida.

El hecho fundacional de su vida: leer.

El cambio que significó. De pronto entré en un mundo que era infinito, a diferencia de Cochabamba, que era una ciudad pequeñita. Podía viajar, y viajar en el tiempo, además: ir hacia el futuro, hacia el pasado. Los libros significaban una aventura siempre. Mi madre me había prohibido que leyera un libro que ella tenía en su velador. Lo recuerdo muy claro: era un libro amarillo con las letras azules, de Pablo Neruda: Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Me acuerdo de unos versos con los que comenzaba el libro: “Mi cuerpo de labriego salvaje te fecunda y hace saltar al hijo del fondo de la tierra”. Y entonces yo decía: ahí está el pecado, pero ¿qué pecado? No sabía cuál era, pero sospechaba que el pecado estaba ahí.

 

Hábleme de su padre. [Ernesto Vargas, un hombre de carácter endiablado, acomplejado socialmente, se separó de Dora Llosa, a la que encerraba en casa por sus celos mientras él tenía amantes e hijos, meses antes de que Mario naciese. Hasta los 10 años, al niño se le hizo creer que su padre había fallecido. A esa edad, sus padres volvieron a estar juntos]

El comienzo con mi padre no fue bueno: descubro que no está muerto. No hubo nunca un entendimiento, siempre hubo una enorme tensión. Digamos que era falta mía, sí. Él me había quitado a mi mamá, pero además era un hombre muy rígido, muy duro. Mi vocación literaria fue una manera de resistir su autoridad.

Cuenta en El pez en el agua que a su padre le desconcertaba, en realidad no le gustaba, encontrarse con su nombre ni siquiera en periódicos como The New York Times.

Él tenía la idea de que todos los escritores y poetas eran borrachos o maricones: le producía verdadero horror. Un hijo que era escritor y se pasaba las noches en esas borracheras espantosas: esa era la idea que él tenía de la vocación literaria. Me metió en el Colegio Militar Leoncio Prado porque pensó que los militares y la literatura no se llevaban bien. Le salió el tiro por la culata, porque en el Leoncio Prado empecé a escribir de manera profesional: escribía las cartas de muchos militares para sus enamoradas, a las que ellos no sabían responder. Era muy divertido leer las cartas de ellas para poder contestarlas.

A menudo en sus libros, en sus entrevistas, se le escapa esta observación cuando habla de su juventud: “¿Cómo pude hacer tanto?”. No paraba de leer, de escribir, de salir, de viajar. ¿Será porque para escritores como usted, la escritura es una actividad casi inconsciente, algo parecido a respirar?

No. En absoluto. Yo sufría muchísimo escribiendo y, al mismo tiempo, quería mejorar. Mi estilo era muy primitivo. Necesitaba mejorarlo. En el periódico eso era imposible, porque había que entregar inmediatamente los papeles. Yo he sufrido mucho con el estilo. Y, además, siempre que me sentaba a escribir, me decía: tienes que suprimir los adjetivos. Eso es lo importante: que no haya adjetivos.

“Yo siempre he procurado poner la prosa al servicio de la historia, y no la historia al servicio de la prosa”.

Que los personajes salgan, que vivan por su cuenta. Era muy importante que las personas no obstruyeran el lenguaje y que el lenguaje estuviera al servicio de las personas que vivían en una novela. Esa fue siempre mi obsesión. Ahora no, ahora ya no. Pero mi obsesión cuando escribía las primeras novelas era no dar al lenguaje preferencia sobre las actividades de los personajes.

 https://elpais.com/eps/2023-02-02/mario-vargas-llosa-no-me-arrepiento-de-nada.html

 

A MI HONORABLE PADRE. 19/05/08

A mi honorable padre.

Me encuentro en una situación difícil, pero cómoda. Es como si flotara en el espacio de los recuerdos. Todo sabe a recuerdos, todo son momentos vividos. Si camino, recuerdo; si pienso recuerdo más intensamente; si tomo cerveza, recuerdo instantes que compartimos; si voy a la compra, él siempre está presente. Todo lo que hay a mi alrededor me recuerda a él. Sueño con su presencia. Fue una persona muy importante en mi vida y para mi vida. Le dije millones de veces que lo quería y eso me reconforta sobremanera. Ahí ando, en estos senderos me encuentro. En alguna ocasión, los lagrimales vierten alguna gota de dolor. Sigo viviéndolo mucho más intensamente que cuando me regalaba su presencia.
Fue un hombre bueno, un buen hombre. Íntegro hasta la exageración. Honesto hasta hacer de la honestidad misma su modo de vivir. Paciente como el mejor chacal que espera el movimiento de su presa para capturarla, él para ayudarla. No tenía palabras de más, las que usaba se llenaban de esperanza y de emoción contenida. Lo quise hasta la profundidad del alma compartida y amiga. Tuve poca comunicación con él en los últimos años porque se apagaba su intelecto y, a la vez, su generosidad de coloso humano.Todo huele a él; todo sabe a él; todo suena a él. A él. A él mismo.

Siempre te recordaré, siempre te querré querido papá.

IN MEMORIAM - Tu hijo Josemari.


A MI MADRE

A MI MUSA

¿Y ahora qué? Ya no estás a mi lado.
Tu presencia se deshace tal el hielo
en fuego, se fija como una obsesión
que me llena y me llega y me yaga
en tremendos nubarrones irónicos
que deshacen amapolas de sueño.
Ese sueño sutil y estremecedor
de tu voz, de tu sonrisa,
de tus tranquilizadoras manos,
alentadoras de sueños.
¡Dímelo al oído cuando estés!
Dime que quieres aunque sea un susurro mío,
un agradable abrazo mío, tal vez
un espontáneo beso mío.
¡Dímelo cuando estés!
Dime que el sueño sueña,
dime que el amor ama,
dime que sin llorar lloras,
dime que no podemos hacer nada, ya
dime que me quieres.
¡Dímelo mamá cuando estés!
Te quiero, quise y querré, a morir, planeta de mis sueños.

LA MISIÓN DE EDUCAR

Educar es lo mismo que ponerle un motor a una barca. Hay que medir, pesar, equilibrar... y poner todo en marcha. Pero para eso uno tiene que llevar en el alma un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de de paciencia concentrada. Pero es consolador soñar, que ese inexperto barco mientras uno lo trabaja, irá muy lejos por el agua. Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada. Manuela Fernández

PARA MI VIDA, PARA TI.


PARA MI VIDA, PARA TI.

Amor, azucena celestial,
que nada entre espumosas olas,
¿por qué no me dices que me quieres?
¿por qué no colocas tu dulce,
perfume entre caracolas?
Dime amor, huele mi perfume,
ama mi instante, sueña con
tu sombra, con tu recuerdo,
inventa la estrella, ama el infinito
exhala perfumes inquietos
y dormidos silencios de placer.
¿Por qué no me dices que me quieres?
Hambre de mis venas,
Elegíaca amaca,
Luz de mis luces,
Entrada de mis penas,
Novela sin escribir,
Amor de mi vida.
¿Qué quieres que te diga más?
¿Qué? ¿Qué sueñas?

Powered By Blogger